The United States is moving steadily toward a future defined by slower population growth, an aging society, and deep economic shifts, according to experts who spoke during a recent national briefing on America’s shrinking population. Panelists emphasized that declining birth rates are not a temporary anomaly, but part of a global demographic transformation already reshaping societies across Europe, Asia, and Latin America.
Dr. Ana Langer, a reproductive health expert and professor emerita at Harvard University, explained that population growth is shaped by four main forces: fertility, mortality, migration, and age structure. Of those, she said fertility rates play the most decisive role.

“Global trends in population growth are pretty consistent around the world, and they all show a very important decline,” Langer said. She noted that worldwide fertility has fallen dramatically over the past several decades. “In 1970, the global fertility rate was around five children per woman. Today it is just over two.”
The United States mirrors this trend. Langer said fertility in the U.S. has fallen from around 3.5 children per woman in the 1960s to roughly 1.6 today, well below the replacement level needed to sustain population size. While differences exist across communities, she said the overall direction is clear. “The trends are undeniable. Births are declining everywhere.”
Langer stressed that fertility decisions are deeply personal, but shaped by broader economic and social pressures. High housing costs, expensive childcare, demanding work schedules, and concerns about the future all influence whether people choose to have children. “Reproductive decisions depend on a complex network of factors,” she said, including education, women’s participation in the workforce, access to healthcare, and gender norms inside the home.
She cautioned against framing lower fertility as a failure of women or families. “Women’s higher educational levels and participation in the labor market are very positive developments,” Langer said, adding that these changes often delay childbearing and result in smaller families. “This is not something to reverse. It is something societies must adapt to.”
Turning to immigration, Langer noted that it has become the primary driver of U.S. population growth as birth rates decline. “With fertility below replacement level, U.S. population growth today is driven primarily by high levels of immigration,” she said. At the same time, she warned that the country lacks consistent national policies to address shrinking population trends. “There are no consistent pronatalist policies in the United States yet,” she said.
Dr. Philip Cafaro, an associate professor at Colorado State University, placed population decline within a broader environmental and ethical context. He argued that slower population growth can ease pressure on natural resources, but warned that abrupt or unmanaged decline carries serious social risks.

“What we are seeing globally is not just fewer births, but a rapid change in age structure,” Cafaro said. He explained that as populations age, fewer working age adults are available to support growing numbers of older people. “This has major implications for labor markets, social support systems, and economic stability.”
Cafaro also addressed the role of immigration in the U.S. debate, noting that it has long acted as a demographic safety valve. Restricting immigration while birth rates remain low, he said, could intensify labor shortages and slow economic growth. “If immigration is reduced at the same time fertility is falling, the impacts compound very quickly,” he said.
Anu Madgavkar, a partner at the McKinsey Global Institute, focused on the economic consequences of demographic change. She emphasized that population shifts are the result of millions of individual choices, but their collective impact is profound.

“These individual decisions combine into very large economic consequences,” Madgavkar said. She warned that aging populations and smaller workforces will slow economic growth in the coming decades. “Demographic change will slow per capita GDP growth. Half a percentage point may not sound like much, but it is a very big deal.”
Madgavkar explained that many advanced economies are moving from a ratio of four working age adults supporting one older person to just two workers per retiree. “That is a profound shift,” she said. “It means we either need to be much more productive, or we need to rethink how long we work and how many people participate in the workforce.”
While technology and automation may help offset labor shortages, Madgavkar cautioned against viewing them as a cure all. “Artificial intelligence and automation can raise productivity,” she said, “but they cannot fully replace human labor or eliminate the need for structural change.”
Across the discussion, speakers agreed that population decline is not inherently disastrous, but ignoring it would be. As Langer concluded, “Profound societal changes need to happen if we want families to feel supported. Otherwise, societies must learn how to adapt to fewer births rather than pretend the trend does not exist.”
Expertos advierten que la disminución poblacional transformará la economía, el trabajo y la vida familiar en Estados Unidos
Estados Unidos avanza de manera constante hacia un futuro marcado por un crecimiento poblacional más lento, una población envejecida y profundos cambios económicos, según coincidieron expertos durante una reciente conferencia nacional sobre la reducción poblacional en el país. Los panelistas señalaron que la caída en las tasas de natalidad no es un fenómeno temporal, sino parte de una transformación demográfica global que ya está remodelando sociedades en Europa, Asia y América Latina.
La doctora Ana Langer, experta en salud reproductiva y profesora emérita de la Universidad de Harvard, explicó que el crecimiento poblacional está determinado por cuatro factores principales: la fertilidad, la mortalidad, la migración y la estructura por edades. Entre ellos, dijo, la tasa de fertilidad es el elemento más decisivo.
“Las tendencias globales del crecimiento poblacional son bastante consistentes en todo el mundo y todas muestran una disminución muy importante”, afirmó Langer. Explicó que la fertilidad mundial ha caído de forma drástica en las últimas décadas. “En 1970, la tasa global de fertilidad era de alrededor de cinco hijos por mujer. Hoy es apenas superior a dos”.
Estados Unidos sigue esa misma trayectoria. Langer indicó que la fertilidad en el país ha bajado de aproximadamente 3.5 hijos por mujer en la década de 1960 a cerca de 1.6 en la actualidad, muy por debajo del nivel de reemplazo necesario para mantener el tamaño de la población. Aunque existen diferencias entre comunidades, aseguró que la tendencia general es clara. “Las tendencias son innegables. Los nacimientos están disminuyendo en todas partes”.
Langer subrayó que las decisiones sobre tener hijos son profundamente personales, pero están influenciadas por presiones sociales y económicas más amplias. El alto costo de la vivienda, el cuidado infantil, las largas jornadas laborales y la incertidumbre sobre el futuro pesan cada vez más en estas decisiones. “Las decisiones reproductivas dependen de una red compleja de factores”, señaló, entre ellos la educación, la participación de las mujeres en el mercado laboral, el acceso a la atención médica y las normas de género dentro del hogar.
Advirtió además que no se debe presentar la baja fertilidad como un fracaso de las mujeres o de las familias. “Los niveles más altos de educación de las mujeres y su participación en el trabajo remunerado son avances muy positivos”, dijo Langer, al explicar que estos cambios suelen retrasar la maternidad y reducir el tamaño de las familias. “Esto no es algo que deba revertirse. Es una realidad a la que las sociedades deben adaptarse”.
En cuanto a la inmigración, Langer destacó que se ha convertido en el principal motor del crecimiento poblacional en Estados Unidos ante la caída de los nacimientos. “Con una tasa de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo, el crecimiento poblacional en Estados Unidos hoy depende principalmente de la inmigración”, afirmó. Sin embargo, señaló que el país carece de una estrategia nacional coherente para enfrentar la disminución poblacional. “Todavía no existen políticas pronatalistas consistentes en Estados Unidos”, añadió.
El doctor Philip Cafaro, profesor asociado de la Universidad Estatal de Colorado, abordó la disminución poblacional desde una perspectiva ambiental y ética. Sostuvo que un crecimiento poblacional más lento puede reducir la presión sobre los recursos naturales, pero advirtió que una caída acelerada o mal gestionada conlleva riesgos sociales significativos.
“Lo que estamos viendo a nivel global no es solo menos nacimientos, sino un cambio muy rápido en la estructura por edades”, explicó Cafaro. A medida que la población envejece, dijo, hay menos adultos en edad laboral para sostener a un número creciente de personas mayores. “Esto tiene implicaciones enormes para los mercados laborales, los sistemas de protección social y la estabilidad económica”.
Cafaro también habló del papel histórico de la inmigración en Estados Unidos como una válvula de seguridad demográfica. Restringir la inmigración mientras continúan cayendo las tasas de natalidad, advirtió, podría agravar la escasez de trabajadores y desacelerar aún más la economía. “Si se reduce la inmigración al mismo tiempo que cae la fertilidad, los impactos se acumulan muy rápidamente”, señaló.
Por su parte, Anu Madgavkar, socia del McKinsey Global Institute, se centró en las consecuencias económicas del cambio demográfico. Subrayó que, aunque las decisiones de tener hijos son individuales, sus efectos colectivos son profundos.
“Estas decisiones individuales se combinan y generan consecuencias económicas muy grandes”, afirmó Madgavkar. Advirtió que el envejecimiento poblacional y la reducción de la fuerza laboral frenarán el crecimiento económico en las próximas décadas. “El cambio demográfico reducirá el crecimiento del PIB per cápita. Medio punto porcentual puede parecer poco, pero es una diferencia enorme”.
Madgavkar explicó que muchas economías avanzadas están pasando de una proporción de cuatro personas en edad laboral por cada adulto mayor a solo dos trabajadores por jubilado. “Es un cambio profundo”, dijo. “Significa que debemos ser mucho más productivos o replantear cuánto tiempo trabajamos y cuántas personas participan en la fuerza laboral”.
Aunque la tecnología y la automatización pueden ayudar a compensar la escasez de trabajadores, Madgavkar advirtió que no son una solución total. “La inteligencia artificial y la automatización pueden aumentar la productividad”, señaló, “pero no pueden reemplazar completamente el trabajo humano ni eliminar la necesidad de cambios estructurales”.
En conjunto, los panelistas coincidieron en que la disminución poblacional no es necesariamente una catástrofe, pero ignorarla sí lo sería. Como concluyó Langer, “se necesitan cambios sociales profundos para que las familias se sientan apoyadas. De lo contrario, las sociedades tendrán que aprender a adaptarse a menos nacimientos en lugar de fingir que esta tendencia no existe”.
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